MÚSICA

El baile


El baile antiguo, orientado a la distracción y el divertimento, ha estado presente en todos los puntos de la geografía peninsular. Binarios, ternarios o quebrados, se han sucedido y sustituído durante siglos interpretados por infinidad de instrumentos, desde la pandereta hasta la gaita de fole o el acordeón, pasando por las flautas de tres agujeros, dulzainas o instrumentos de cuerda como guitarras, laúdes o bandurrias. No hay que olvidar el empleo de utensilios como vieras, almireces o tapaderas, que, humildes, contribuyeron en no pocas ocasiones a la diversión de pueblos enteros. 

En los conciertos de Ringorrango no falta el espacio para el baile, entonando charrás, repicoteos y fandangos extraídos de la memoria de las sarteneras de El Payo, ajechaos de Peñaparda que, incansables, entonaban con el pandero cuadrao por todo el Rebollar. Seguidillas madrileñas y manchegas, fandangos o el baile del pino del Alosno, tan alejados geográficamente, se suceden en el mismo escenario con muñeiras  gallegas, sones brincaos montehermoseños o ligeros cántabros y vascos en nuestros conciertos. El baile del noroccidente castellano leonés cobra gran importancia en nuestro trabajo, interpretando temas leoneses y zamoranos como corridos sanabreses o maragatos, bailes del país, titos, charros y brincaos alistanos. Todo este entramado de jotas, sones brincaos y bailes llanos conforma uno de los apartados sonoros a los que Ringorrango más importancia presta, por sus arrolladores ritmos y antiguas cadencias.


La ronda

La ronda entendida como cuadrilla  de mozos que, de noche,  había de proteger y vigilar el pueblo o la ciudad o que, entre tanto, aprovechaba para cantar a la ventana de la muchacha que fuera de su gusto o con la que estuviera prometido, ha perdido ambas funciones en la actualidad, si bien, nosotros la recreamos como una actividad encaminada al entretenimiento y la diversión. Ejemplos de hermosos cantos de amor son las versiones veratas, tanto cacereñas como avulenses,  que se encuentran en nuestro repertorio, así como interesantes ejemplos pacenses, de Salamanca o las inconfundibles rondas segovianas acompañadas con almireces.








Los cantos de trabajo suponían un importante alivio en las duras y múltiples tareas derivadas del campo. Es de suponer que muchos de los cantos de este tipo no fueran entonados en el propio trabajo sino, más bien, en las idas y vueltas al mismo. Ringorrango ha puesto en escena tonadas tan frecuentes del ciclo económico como aceituneras, canciones para la siega y la maja del centeno o para espadar el lino.

El ciclo vital, anual y festivo

Momentos tan importantes en la vida de los hombres como el nacimiento o la muerte han requerido, desde siempre, sus propios cantos para manifestar la alegría o la pena. Esta necesidad del hombre de cantar se traduce en la infinidad de nanas, cantos de difuntos, canciones de boda, de mocedad y quintos, que se sucedían a lo largo de los años entre matanzas, águedas, talanqueras, enramadas, procesiones  o rondas navideñas, que recordaban melódicamente el devenir cíclico del tiempo. En nuestro trabajo destacan danzas rituales como las marchas del rey Nabucodonosor de Corporales de Cabrera, coplas para pedir en el día de Santa Águeda o un interesante repertorio navideño peninsular.







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